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GENERALIDADES

Yosman Botero

(Cúcuta, Colombia, 1983)

Programa: PLAN AMA + FULL | Estado ACTIVO

Master en Investigación y Producción Artística, Universidad de Barcelona y postulado a Doctorado en Estudios Avanzados en Producción Artística, Universidad de Barcelona.

Reside en Madrid, España.

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STATEMENT

EL PODER ESTÁ EN TODAS PARTES

El universo creativo de Yosman Botero se puede definir como un espacio construido a partir de puertas y espejos, en donde todo se refleja y se enfrenta con el objetivo de cartografiar, develar y cuestionar las relaciones de poder. Influenciado por múltiples referencias que vienen de la historia, la literatura, los documentales y el arte, Yosman ha reunido un archivo rico en mixturas que utiliza en el momento de crear. Se destaca su capacidad para detectar signos y símbolos, y a partir de ellos elaborar narrativas que en una dimensión visual y conceptual, cuestionan las tensiones ideológicas, institucionales y del sistema económico, en una sociedad que carga con décadas de represión y brutalidad, articulando una obra esencialmente política.

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Yosman desarrolla un proceso creativo en el cual primero localiza un acto colonizador, y luego determina el ejercicio de explotación al que corresponde. Su obra critica el aprovechamiento inadecuado de los recursos naturales a través de la minería, la manipulación de la información por parte de los centros de poder, y las ansias desenfrenadas por el enriquecimiento. En este punto, gran parte de su obra surge de la necesidad de visualizar el vacío, para generar procesos de resiliencia en el espectador. Se verifica un marcado interés en la arquitectura y en el paisaje que adquiere una dimensión como territorio social. Así, su método de trabajo se podría definir como el estudio de la ecología de la guerra, en donde manifiesta un interés por aquellos paisajes que durante los conflictos bélicos sólo adquieren valor en la medida en que estos puedan ser un recurso para el enemigo.

Los referentes teóricos de la obra de Yosman son múltiples. Entre ellos está la escritora, filósofa, directora de cine y fotógrafa norteamericana Susan Sontag quien en sus libros reflexiona sobre cuál es el sentido de su arte. “Que un sangriento paisaje de batalla pudiera ser bello —en el registro sublime, pasmoso o trágico de la belleza— es un lugar común de las imágenes bélicas que realizan los artistas. La idea no cuadra bien cuando se aplica a las imágenes que toman las cámaras: encontrar belleza en las fotografías bélicas parece cruel. Pero el paisaje de la devastación sigue siendo un paisaje. En las ruinas hay belleza”[1].

En consecuencia, una de las principales líneas de trabajo de Yosman ha sido el conflicto armado en Colombia. Su obra tiene un componente autorreferencial, ya que el artista se reconoce en primera instancia como colombiano y, después, como originario de Cúcuta, ciudad que marca el límite con Venezuela. Esta frontera, una de las más conflictivas de América Latina ha sido un punto neurálgico de la violencia en Colombia.

Fenómenos sociales como la migración han afectado su trabajo, no solo por su propia condición de migrante, sino porque las ingentes masas de desplazados que recorren el mundo lo enfrentan, en doble vía, con la realidad interna de su país en donde la sociedad de manera consciente o inconsciente ha hecho una “normalización de la violencia”. Así, desde su perspectiva, convierte esta realidad en un juego de espejos en el que se refleja lo que ve desde afuera.

Actualmente Yosman vive en Barcelona y manifiesta estar contaminado por su origen. Considera, en palabras de José Roca, que la mejor manera de ser global es ser profundamente local[2] y, en ese sentido, su obra se ha ido proyectando como un referente del arte político no sólo en Colombia, sino también en otros lugares del mundo.

Yosman destaca la censura, el eufemismo y las fake news como algunos de los mecanismos preferidos por los poderosos para manipular a la sociedad. Así, lo bueno aparece como malo, y lo malo toma el rostro de lo bueno.

En 1837, Hans Christian Andersen publicó El traje nuevo del Emperador, cuento que el tiempo ha hecho icónico y donde la voz de un niño deja al descubierto que el rey está desnudo. En la obra de Yosman quien está desnudo es el pueblo que vitorea al Emperador. Aquí, una imagen especular le da un nuevo sentido a este cuento. Aquí los poderosos visten trajes de oro y los desposeídos del mundo, sin educación y sin convicciones, los aclaman, los eligen, y olvidan que el poder está en todas partes: en su voto. El espejo se convierte en negación, trastocando la realidad. Aquí el niño que grita las verdades es el artista.

En Colombia se presentan paradojas que duelen: el final de la confrontación con las FARC, en 2016, por ejemplo, permitió que grandes empresas mineras pudieran acceder a territorios que antes les estaban vedados, con la consecuente destrucción del medio ambiente.

En la obra de Yosman estas relaciones se manifiestan como un juego de mímesis, en donde algo se oculta para mostrar otra cosa, y viceversa, uniendo principios antagónicos que en virtud de una propuesta artística se complementan y adquieren nuevos sentidos. Este objetivo se logra a través de la resignificación de los objetos y los materiales con los cuales trabaja, los mismos que ha estudiado durante años, como la caja, el pupitre, el espejo, la puerta, la arena, el grafito, la pintura, y el papel, entre otros.

Bajo la consigna de que una obra siempre debe estar bien hecha, su trabajo se caracteriza por la precisión y pulcritud de cada pieza. Yosman es un artista académico, apegado a la técnica y a la investigación. De esta manera su obra reúne series y proyectos en los que utiliza múltiples técnicas como el dibujo, la pintura, la instalación, la escultura y el video. Así, desde el arte, Yosman Botero propone salidas frente a la violencia y cuestiona las relaciones de poder.

Natalia Castillo Verdugo | Directora AMA+

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PROYECTO 01

A BETTER WORLD

El paisaje de la devastación sigue siendo un paisaje.
En las ruinas hay belleza.
Susan Sontag

En esta serie, Yosman Botero retoma algunas constantes de su obra como son la cartografía y el cuestionamiento de las relaciones de poder, juego de puertas y espejos en el cual se difuminan los límites. La arquitectura y el paisaje otra vez son protagonistas enmarcados en el estudio de la ecología de la guerra, esta vez tomando imágenes pertenecientes a los archivos desclasificados de la CIA durante los años cincuenta, que corresponden al periodo de la Guerra Fría. Allí, algunos soldados le dan la espaldas al espectador mientras ante sus ojos desaparece un pueblo que no existe. Se trata del campo de pruebas nucleares en el cual Estados Unidos midió su capacidad de devastación. En aquel pueblo habitado por comitivas científicas, militares y maniquíes, durante décadas la primera potencia del mundo hizo tratos con la muerte a escala global.

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Un mundo mejor

Para Yosman, el pasado es maleable y la historia un palimpsesto que en una primera instancia revela un relato que no se ajusta necesariamente a la verdad: bajo una imagen inicial hay otras que cuentan otras cosas. Así mismo, sobre esas imágenes es posible superponer otras, resignificando lo que celosamente durante años han guardado las potencias mundiales, presentando al espectador la ilusión de un mundo mejor al que inicialmente era, gracias a su trabajo. La pintura va dando forma a los rostros de las personas que ante los organismos internacionales negocian la guerra; en gamas de grises aparecen, como fantasmas, escenas de los involucrados en diversas confrontaciones militares de esta época de la historia.

¿Un mundo mejor?

Se dice que la soledad, la melancolía y el simbolismo que invaden las obras de Edward Hopper (1882 – 1967) se derivan, precisamente, de acontecimientos como la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, que hizo que los norteamericanos se sintieran vulnerables. En la obra de Yosman Botero reaparece esa desolación, se ven casas rodantes que a pesar de la asepsia del blanco y de las sombras de grises parecen abandonadas, marineros que miran el vacío, silos a la orilla de carreteras abandonadas y, una y otra vez, los rostros protegidos por lentes y máscaras que se entregan al espectáculo de las pruebas nucleares que prometen victorias y días de juegos artificiales.

Así, el sentido especular de la obra de Yosman Botero, permite una relectura de la historia oficial y de las relaciones de poder mediante lo que se podría denominar la construcción de la deconstrucción de un mundo mejor.

Natalia Castillo Verdugo | Directora AMA+

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PROYECTO 02

THIS LAND IS (A) MINE

Como una bisagra que la historia ha mantenido unida por el dolor, This land is (a) mine propone la idea de territorio en dos dimensiones. Por un lado como paisaje natural y, por el otro, como tierra sometida por la condición humana. Con el objetivo de continuar presentando salidas frente a la violencia y cuestionar las relaciones de poder, Yosman Botero aborda el concepto de territorio y plantea una genealogía que se proyecta en tres momentos: como territorio rico en recursos, como territorio colonizado y como territorio en conflicto.

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La palabra Mine (en inglés), traducida al español, posee una doble significación: mío – mina y, a su vez, plantea una doble visualización: la del nativo que percibe el territorio como su hogar, y la del colono que lo concibe como una despensa de recursos. This land is (a) mine es una serie de trabajos que abordan el colonialismo y cómo la ilusión de riqueza y poder que provoca se desdibuja cuando se mira directamente a la realidad.

Retomando elementos constantes en su trabajo como la apropiación de símbolos, la relectura de eventos históricos, el enfoque en el contexto socio político y el uso de diferentes materiales, la obra surge como un mausoleo que representa el paisaje aprovechado y que, en tonalidades doradas que se eclipsan con el negro, personifica a la tierra que ha sido arrasada, haciendo referencia a su valor desgastado como consecuencia de las dinámicas colonialistas a las que ha sido sometida.

Desde un enfoque más investigativo, el artista se plantea problemáticas en torno al territorio rico en recursos y revisa diferentes formas en las que se ha visto y representado el paisaje. En este contexto, el nombre de José Celestino Mutis -quien fuera representante de la Corona Española durante el periodo de la Conquista-, emerge como una figura única y valiosa gracias a los aportes científicos que desarrolló en el territorio que hoy corresponde a Colombia entre los años 1783 y 1816.

Su fascinación con la diversidad que había en los ecosistemas fue inmediata y lo llevó a liderar la Real Expedición Botánica del Reino de Nueva Granada, el que fuera uno de los proyectos científicos más importante de América. El inventario reúne cerca de 20.000 especies vegetales y de más de 7.000 animales; Yosman lo toma como referencia para entender, desde diferentes puntos de vista, los efectos de los procesos de colonización y la explotación de los recursos.

En este contexto nos referimos al territorio colonizado, una idea que no se limita al periodo Colonial; todo lo contrario: se mantiene vigente. Territorios ricos en recursos naturales alrededor del mundo son objetivos de guerra; la explotación a la que han sido sometidos y las batallas que se han desatado por el poder sobre estos, los han convertido, además, en escenarios de violencia. La historia del mundo es la de la guerra por los recursos y el poder, a través de su obra Yosman critica el aprovechamiento inadecuado a través de la minería, y la ferocidad desenfrenada por el enriquecimiento del mercado libre.

Cuando se hace referencia a territorio colonizado el Sur Global resalta en el mapa de trabajo de Yosman. Una de sus principales líneas de investigación ha sido el conflicto armado en Colombia y su obra tiene un componente autorreferencial, pues el artista se reconoce en primera instancia como colombiano y como originario de Cúcuta, ciudad que marca el límite con Venezuela. Esta frontera, una de las más conflictivas de América Latina, ha sido un punto neurálgico de la violencia en Colombia.

El artista centra su mirada en un país que se resiste a aceptar su realidad y donde tras más de cincuenta años de conflicto armado las heridas siguen abiertas. Presta especial atención al periodo del posconflicto, logrado merced a los acuerdos de paz que, luego de un largo tiempo de negociación, se firmaron en el año 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC, la guerrilla más antigua de América Latina.

Este escenario generó dilemas inquietantes, ya que el conflicto armado mantuvo aisladas extensas zonas ricas en recursos, que luego de la firma de los acuerdos de paz fueron liberadas, dando pie a la codicia, no solamente de grupos ilegales, también de compañías multinacionales interesadas en explotar y arrasar con todo aquello que la guerra interna había conservado virgen durante décadas.

En This land is (a) mine el llamado posconflicto no es más que un eufemismo. Es una ilusión con la que se ha ocultado una realidad que sigue vigente y que a diario genera escenarios más violentos.

Natalia Castillo Verdugo | Directora AMA+

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PROYECTO 03

FULL OF EMPTINESS

UNO

Se dice que Miguel Ángel, al ser elogiado por su maestría como escultor, comentó que el David siempre había estado ahí, escondido en la entraña de ese bloque de mármol, y que él solamente había retirado las partes que sobraban. En esa escultura, David, el rey de los judíos, no está circuncidado, lo cual ubica la obra más allá de las fronteras del arte tocando de manera directa lo político y lo religioso.

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¿Qué es el vacío?, o mejor, ¿quién o qué lo determina?, ¿de qué materia debería llenarse, en caso de que fuera necesario hacerlo?, ¿hasta dónde el vacío toma forma de denuncia? En Full of emptiness, a través de fotos y videos, Yosman Botero reflexiona sobre estos asuntos, retomando algunos de los materiales con los cuales ha trabajado antes, como el pupitre, el espejo, el grafito y el papel; e introduciendo otros nuevos como las cajas de música y el alambre.

La imagen de un pupitre escolar sin la base en la cual debería sentarse un hipotético estudiante, ocupa un espacio aprensivo en donde flotan partes de otros pupitres, sin que nadie los habite. Así mismo, las fragmentos disgregados de otro pupitre pueblan el aire y gracias a un juego especular, generado por la luz, su reflejo en la pared es el de uno completo.

Los sistemas educativos en Occidente funcionan de manera inversa a la técnica escultórica de Miguel Ángel, son su sombra: aquí no se trabaja para develar la belleza sino todo lo contrario; se toma al alumno como un sujeto pasivo, vacío, a quien hay que llenar de conocimientos. Yosman, en su obra, recrea la que sería la escena cotidiana de un aula de colegio, atrapando al vacío en un espacio metafórico que resulta efímero, pero que si el observador detiene su mirada en la madera de cada pupitre, puede ver un palimsesto de incisiones que narran historias que ya no son: un vacío pletórico de vida.

DOS

Han sido recurrentes las historias de hombres que a través de la magia, o de la ciencia, han querido insuflar vida a seres inertes. Desde el ser de arcilla creado por Judá León, un rabino de Praga, hasta la criatura de Víctor Frankenstein. 

En Full of emptiness Yosman Botero, con pequeñas esculturas inertes, ubicadas en un paisaje gris, deconstruye un mundo heredado de la Guerra Fría, automatizado, inmerso en la indiferencia, con alusiones a fenómenos sociales como la migración o el destierro, en un juego de espejos en donde ya no solamente se normaliza la violencia, sino también la desigualdad social. Allí, un pequeño hombre ve pasar ante sus ojos un mecanismo animado por energía cinética, monstruo de metal ante el cual no puede hacer nada. Una mujer, también diminuta, con sus maletas de viaje está sembrada mirando hacia la nada y, más adelante, un soldadito cromado ve como ese mecanismo, que por momentos toma las dimensiones de un animal del cretácico, lo rodea sin que él pueda o intente hacer algo. Estas pequeñas esculturas que simulan lo humano, pero que no lo son, encarnan, sin embargo, los sentimientos y la desolación de hombres y mujeres de carne y hueso que han sido condenados al destierro. Quizá ellos hagan parte de los Nadies, a quienes les cantara Eduardo Galeano: “Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folklore. / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. / Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”

TRES

La representación de los accesorios del vuelo, de las alas en particular, genera en el hombre el deseo irrefenable de volar. Cuenta la leyenda que Dédalo instaló en los hombros de Ícaro, su hijo, unas alas de plumas, pegadas con cera, y que cuado el muchacho alzó vuelo y bordeó las fronteras del sol, la cera se derritió y cayó al mar. Este relato en el que Ícaro pierde la vida debería haber sido suficiente para que los hombres dejaran de una vez por todas el imperio del aire a los pájaros, pero no ha sido así. 

En la obra de Yosman Botero, mediante un mecanismo artesanal, dos tapas de pupitre unidas con unas bisagras imitan la arquitectura básica del vuelo. El artista, que en el video no deja ver su rostro, con una manivela imprime la energía que requiere aquel artilugio y vemos entonces a una paquidermica ave de salón intentando negar, infructuosamente, su esencia de mesa de tareas. Una lectura posible de esta obra, podría ser la expresión real de querer liberarse de las ataduras de ese espacio, en los casos de los estudiantes que desertan, o reprimida, en los casos de quienes quedan atrapados en el sistema. Aquí, otra vez, Yosman regresa a la premisa de la fotógrafa e intelectual norteamericana Susan Sontag, según la cual “En las ruinas hay belleza”.

CUATRO

En “El corazón delator”, el relato de Edgar Allan Poe, un anónimo asesino nos cuenta los pormenores de su crimen. Ha asfixiado, descuartizado y escondido bajo el tablado de la casa a un anciano con el que vivía. Los vecinos, al escuchar ruidos sospechosos, alertan a las autoridades. El asesino los invita a seguir confiado en que ha borrado toda huella del homicidio. Sin embargo, en medio de aquella diligencia, escucha primero levemente y después con mucha fuerza, los latidos del corazón del muerto. Aterrado, confiesa su crimen, y le indica a los policías en dónde deben buscar los restos del difunto. En este clásico de la literatura gótica queda establecido que la verdad existe por encima de cualquier encubrimiento. 

En la serie de Yosman un reloj de arena contiene polvo de yeso que al voltearse y ser aplicado en una superficie va tomando la forma de una silla, es decir que la silla ya era desde el comienzo y con su acción el artista devela su esencia, la delata. En palabras de Borges, en su poema Golem, este video estaría revelando que “en las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo’”. El reloj y los laberintos que hay en las entrañas de cable de los artefactos mecánicos que pueblan estas obras, remiten al espectador, una y otra vez, a Borges, sugiriendo un viaje circular en donde Dédalo ya no solamente construye alas sino también laberintos y, como en el mito de la caverna de Platón, el riesgo está no en el conocimiento, sino en la ignorancia. 

Full of emptiness, como otras series de este artista, se circunscribe a referencias históricas, políticas, literarias y culturales; consolidando así una poética del espacio que comprende lo efímero, la ausencia y el vacío que, en esta ocasión, es igual a la cifra de los días que un hombre puede permanecer en la oscuridad; y su contrario, que equivale al mármol que le sobra. 

Natalia Castillo Verdugo | Directora AMA+

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VIDEOS

NATURALEZAS MÓVILES

Mediante el lenguaje audiovisual, Yosman Botero amplía y en ocasiones resignifica algunas de sus series bidimensionales y tridimensionales. Son “Naturalezas móviles”, cajas y en general paisajes visuales que permiten ver otras aristas de su obra.  

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